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Calabajío · Restaurante Almuñécar
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Vista aérea del Restaurante Calabajío y la bahía de Velilla-Taramay, Almuñécar

Nosotros

Sobre nosotros

La casa donde el mar se sienta a la mesa

En 2007 se inauguró Calabajío en el corazón de la costa granadina. Nació con la intención de ser un lugar donde disfrutar de buena cocina y una cuidada bodega, frente al Mediterráneo.

Disponemos de diferentes zonas para disfrutar a lo largo del día —bar, restaurante, terraza y zona chill-out— perfectas para celebrar eventos en un enclave único.

Gracias al clima cálido y suave de Almuñécar abrimos todo el año, ofreciéndote un remanso de tranquilidad y buena cocina los 365 días. Estamos a pie de playa, junto a las calas más tranquilas de la zona.

Comedor interior con vistas al mar del Restaurante Calabajío

Sobre nosotros

Lo que nos mueve

Mar

Pescado fresco de la Costa Tropical y el atún rojo como bandera.

Tierra

Carnes maduradas, verduras de temporada y productos de la sierra.

Fuego

Brasa, arroces a fuego lento y técnicas que respetan el producto.

Tiempo

Atardeceres que invitan a quedarse y celebrar la vida sin prisa.

La costa de Velilla-Taramay, en Almuñécar, junto al Restaurante Calabajío

El entorno

A pie de playa en Velilla-Taramay, a cinco minutos de Almuñécar

Nos encontrarás en la Playa del Calabajío, en Velilla-Taramay, una de las calas más tranquilas de la Costa Tropical de Granada. Estamos a unos cinco minutos en coche del centro de Almuñécar, frente a un mar de aguas serenas y atardeceres inolvidables.

Llegar es muy fácil: estamos en el Camino de la Galera, junto al paseo marítimo de Velilla-Taramay, con aparcamiento en los alrededores. Una ubicación privilegiada para comer o cenar con vistas al mar, tanto si vienes de la playa como si nos buscas como destino gastronómico en Almuñécar.

El Susurro del Mar

El Susurro del Mar

Hace muchos años, en la Playa del Calabajío, el Mediterráneo eligió revelarse. Cada atardecer susurraba a los pescadores: «Entrego mis tesoros más puros solo a quien me respete y sepa esperarme». Solo un grupo de soñadores se atrevió a poner su mesa donde las olas besan la arena. Fueron los primeros. Y el mar sonrió. Desde entonces, cada plato lleva esa promesa antigua: el alma del Mediterráneo entregada con generosidad.